Luego de que el evangelio literalmente le salvara la vida, una mujer de Watauga pasó el resto de su vida hablando a otros de Jesús.

Carmelo Valerio

El poder de una voz

Durante el transcurso de sus 78 años, Carmel Valerio puede recordar muchas voces que han hablado a su vida.  

Ella recuerda con claridad la voz de su padre abusivo, quien le hacia un bombardeo constante de insultos, humillaciones y desprecio. Su exposición a esa voz se intensificó cuando la sacaba de la escuela desde los 8 años para ayudar a criar a sus hermanos y así su madrastra pudiera trabajar fuera de casa.

Llena de odio, resentimiento y un inmenso dolor por todos los abusos recibidos, Valerio dijo que empezó a escuchar otra voz a los 14 años. Esta voz, una voz maligna, decía cosas como: “¡Nadie te quiere!” y “No vale nada”. Esa voz incluso presentó una solución: “Quítate la vida”.

Cuanto más escuchaba esa voz, más convencida estaba de que esa sería su salida. Sin embargo, el día en que intentó suicidarse, escuchó otra voz. En su más profunda desesperación, Valerio dijo que oía esa voz repitiendo una y otra vez:

"Te amo. Te amo. Te amo".

Valerio se dio cuenta de que esa voz, que la detuvo en su intento de suicidio, era la voz de Dios, mostrándole que Él tenía un glorioso propósito que cumplir en ella. En ese momento, Valerio dijo que Dios comenzó a sanarla de toda la amargura, el resentimiento y el odio que sentía por su padre. Llena de una nueva esperanza, se levantó del suelo y corrió un verso en el espejo.

Esto fue un logro en su vida: pues nunca se había mirado en un espejo antes de ese momento, asumiendo que no había nada que valiera la pena mirar porque su padre siempre le había dicho que era fea. Pero ese día, frente a ese espejo, Valerio descubrió que ella era una hermosa y nueva creación.  

“Comencé a sentirme especial y liviana, porque Dios había quitado mis pesadas cargas”, dijo Valerio.  

De vez en cuando, la abuelita de Valerio la llevaba a ella a la iglesia y durante este tiempo Valerio reconoció quién es el Señor Jesús y comenzó a servirle. “El ambiente en donde yo estaba ni mis circunstancias cambiaron, dijo ella, pero Dios me cambió a mí.”

Elías y Carmelo Valerio

Una de las cosas que Dios estaba cambiando en ella, era la forma en que veía a su padre. Ya no lo veía como un hombre al que había que odiar, sino como un hombre que necesitaba a Jesús. Ahora, la voz de Valerio fue la que pudo hablar en la vida de su padre. Un año antes de su padre fallecer, la voz de Dios guio a Valerio a compartirle el evangelio y él, entre lágrimas, recibió a Jesús en su vida.

Otra voz comenzó a hablar en la vida de Valerio. A los 16 años, conocí a su esposo, Elías, en la iglesia. Estuvieron casados ​​durante 58 años, la mayor parte de los cuales él pasó sirviendo como misionero y plantador de iglesias en varios pueblos de Texas y México. Carmel y sus cinco hijos estuvieron junto a él, fielmente a su lado. Elías fue pastor de la congregación hispana de la Primera Iglesia Bautista de Watauga, antes de fallecer a la edad de 85 años.

Dios llamó a la señora Valerio a la evangelización personal a través de su esposo. Según Valerio, un día, mientras agradecía a Dios por la forma en que estaba usando a su esposo para compartir el evangelio con grandes resultados, escuchó la misma voz amorosa del Señor que le habló en el momento de su salvación muchos años antes.

“¿Y qué estás haciendo por mí?”, sintió que el Señor le decía. “Tú estás llamando a hacer mi obra. Quiero que hables y testifiques de Mí”. 

Mientras escuchaba la voz de Dios, Valerio dijo que se puso de rodillas y pidió perdón al Señor ya que no se sintió capacitada para hablar a los demás sobre Cristo porque decía que no sabía hablar bien. Ella admite que siempre se ponía nerviosa cuando se le acercaban otras mujeres que parecían hablar con más elocuencia.

La voz de sostenido de su esposo, junto con el llamado del Señor, la impulsó a comenzar a sentirse de otra manera. “No te sientas así”, recuerda que le dijo su esposo. “Lo más importante es que ames a Dios. Hay muchas personas que conocen la Palabra de Dios, son buenos maestros, son buenos oradores, pero eso no significa que estén consagrados a Dios. Saben muchas cosas de Dios en la mente, pero no en el corazón”.

(Derecha) Carmel Valerio en León Guanajuato y (izquierda) con su esposo Elías en la Ciudad de México. Los Valerio lideraron equipos en misión ayudando a las iglesias locales a evangelizar sus comunidades en México.

“Dios no quiere que hables bien, sólo quiere que digas lo que te ha pedido que digas”.

A partir de ese momento, Valerio comenzó a entender que “Dios no quiere que hables bien, sólo quiere que digas lo que te ha pedido que digas”.

Desde que ella entendió esto, Valerio ha utilizado la voz que Dios le ha dado para compartir el evangelio con cientos de personas. Ha ganado almas para Cristo enseñando inglés como segundo idioma, en cárceles, en baños públicos, en su vecindario, en ventas de garaje, en tiendas y centros comerciales, incluso entre personas de diferentes nacionalidades. Sus lugares de trabajo se concluyeron en campos de misión, incluida la clínica médica donde trabajaron haciendo la limpieza. Dios le permitía a menudo entrar en el cuarto de atención médica para orar por los pacientes y presentarles el Evangelio. 

“Las primeras bancas de la iglesia estaban llenas de personas por las que oré en la clínica”, dijo Valerio.

Valerio vio enfermos ser sanos por medio de sus oraciones de fe y muchas almas ser salvas por el evangelio. También trabajó como capellana para Marketplace Ministries, donde era conocida como “la mujer de Dios”, lo cual Valerio expresa es un privilegio. 

Valerio es ahora viuda, y aunque la voz de su esposo permanece en el recuerdo, ella sigue firme en su relación con el Señor y en su llamado.

“Ahora, en lugar de tener a mi esposo a mi lado, tengo mi Biblia, mi himnario y alabo al Señor”, dijo. 

Su deseo es ayudar a otras hermanas que han sufrido una pérdida como la suya, a superar su depresión por medio de Jesús. “Las enfermedades son buenas porque nos hacen confiar en Dios y vivir más felices”, dijo. “Mientras Dios nos dé vida, tenemos que dar el mensaje de salvación a todos los que sufren”.

Un mensaje que ella misma escuchó una vez porque escuchó aquella pequeña voz apacible y amorosa del Señor.

Corresponsal
Arlene Sanabria
Tejano bautista del sur
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